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“El retraso de obras en energía está costando mucho dinero y hoy lo paga el país completo”

>> 14 de mayo de 2012


Fuente: La Tercera

Un sistema eléctrico que está desadaptado desde la crisis del gas y la creciente oposición de la ciudadanía al desarrollo de proyectos eléctricos son, a juicio de Francisco Aguirre, socio de Electroconsultores y asesor eléctrico de las empresas, los principales problemas que enfrenta el sector. Crítico al rol que cumplen las generadoras en el actual esquema, Aguirre afirma que el precio de la energía que se está pagado en el Sistema Interconectado Central, sobre US$ 250 por megawatt/hora, es “irreal para la economía del país”.



¿Qué diagnóstico hace de la actual situación del sistema eléctrico?

Nuestro sistema, en general, es un enfermo, que si bien es cierto no está en estado grave, tiene algunas afecciones crónicas que se deben resolver. Dentro de ellas, que depende sólo de quienes tienen las decisiones de inversión, como es el negocio de generación. Otra enfermedad que aparece cada vez con más claridad es la oposición a los proyectos eléctricos por parte de quienes o son oportunistas o pretenden evitar costos propios a costa de los costos de muchos.

¿Complica esto a la industria?

Esto lo veo desde el punto de vista de un ex planificador, que lo fui en Endesa cuando era una empresa centralizada. Se hacía una evaluación social de los proyectos y no había oposición como la de hoy, en que alguien que ve pasar una línea de transmisión por sus tierras se opone con gran intensidad. Esto provoca que el sistema se retrase o se tenga que hacer una inversión mucho más alta, como por ejemplo lo que pasa con el sistema de transmisión que vendrá de Aysén. También está el negocio de algunas ONG, que quieren que Chile se sacrifique por el mundo por resguardar recursos naturales, que el resto de los países agotaron.

Si no hay cambios, ¿qué pasará?

A medida que crezca la demanda, lo único que sucederá es que los proyectos de generación que se pueden desarrollar en un año, como plantas a diésel, lo harán, pero pagaremos un costo brutal.

¿Qué otros puntos débiles hay?

El sistema depende de los que toman la decisión por sí mismos, como son las generadoras. Hoy, una empresa toma una decisión de desarrollar un proyecto exclusivamente en función del contrato de suministro que tiene con uno o más clientes, a los cuales les impone contratos de muy largo plazo para hacerlos bancables y financiar ese proyecto. Eso tiene un problema, porque el contrato traspasa los costos al cliente.

Pero eso es una condición natural.

La ley eléctrica establece un precio para intercambio de energía entre generadores, que es el costo marginal. Jamás el desarrollador de la ley tuvo intención de que esto se llevara al cliente final. Existe un cinismo en los generadores respecto de los costos marginales altos, porque en sus contratos no están teniendo ningún riesgo. Las generadoras tienen pocos incentivos para que los marginales sean bajos.

¿Qué impacto tiene esta situación en el sector productivo?

Las empresas quiebran. Por ejemplo, Cerámicas Cordillera quebró por costos. Hoy, Chile tiene estos precios altos única y exclusivamente porque somos un país minero rico, y los mineros pueden pagar las cuentas eléctricas que están absolutamente desadaptadas en sus precios. Trabajamos en Perú, y en los últimos meses hemos firmado contratos similares a los de Chile, a un tercio del precio al que accedemos aquí.

Hoy la minería, que es el 30% del consumo de energía, puede pagarlos, porque los minerales tienen buenos precios. Pero ese precio se traslada al 65% restante de los consumidores. Y los precios son irreales para la economía del país. Lo paga la minería, pero hay otras industrias que no toleran esos precios . Esas industrias se están quedando fuera de competencia.

¿Qué pasa si no se hacen proyectos como Castilla e HidroAysén?

Se tendrá que reemplazar con diésel. Para abastecer el sistema sin Castilla se necesita reemplazar esas máquinas carboneras por otras a diésel, que son más caras, y eso tiene un costo. Además, hoy en la Patagonia chilena, exclusivamente asociado al proyecto HidroAysén, se vierten al mar US$ 2.000 millones anuales. La valorización y no existencia oportuna de HidroAysén significa que esa agua, que podríamos transformar en energía barata, vale US$ 2 mil millones al año. En 10 años son US$ 20 mil millones e HidroAysén cuesta entre US$ 7 mil millones y US$ 8 mil millones. Eso es rentable, pero como no lo podemos desarrollar, debemos pagar altos precios.

El retardo en general del sistema de transmisión y de obras en energías eficientes, como centrales carboneras o hidroeléctricas, nos están costando mucho dinero, y hoy lo paga el país completo.

¿Y cuál es el rol que pueden jugar en aliviar esto las Ernc?

Están muy equivocados quienes piensan que Chile puede tener una participación de Ernc muy abundante. En el mundo, el 41% de la electricidad se produce con carbón, porque es un combustible barato. Gas natural e hidro, aproximadamente 20% con cada uno. El 15% es nucleoelectricidad y el resto, aunque parezca raro, es petróleo y renovables. Las Ernc no son consistentes con nuestro tipo de consumo, porque tenemos un factor de carga -demanda continua- de 80%. La demanda de la minería es 24 horas los 365 días del año. Las renovables, como la eólica o solar, tienen factores de planta entre 20% y 25%, es una producción que está presente seis o siete horas al día.

Fuente: La Tercera

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